lunes, 25 de septiembre de 2017

PARA ENTENDER A EINSTEIN (Firma invitada)

Para bien o para mal, E=mc2 probablemente sea la fórmula más famosa de todos los tiempos. Inevitablemente asociada a la bomba atómica y a los miles de muertos en Hiroshima y Nagasaki, nos llama poderosamente la atención por su combinación de misterio y simplicidad: la equivalencia entre masa y energía. No obstante, a pesar de su popularidad, muy pocos entienden su verdadero significado y su trascendencia dentro de la ciencia moderna.

Al igual que en su anterior libro, El Universo en tu mano, Christophe Galfard nos guía en este brevísimo ensayo de una forma apasionada a la par que sencilla, clara y entretenida, a través de los conceptos que sirven de base a esta increíble fórmula y que no son otros que los de la teoría que la vio nacer, la Teoria de la relatividad especial de Albert Einstein, expuesta en 1905. Para explicarnos esos difíciles conceptos, Galfard nos pone en conexión directa con la emoción que debió de sentir el propio Einstein cuando se preguntaba cómo veríamos el mundo si viajásemos subidos en un rayo de luz o qué ocurriría si, en esas circunstancias, intentásemos mirarnos en un espejo, ¿veríamos nuestro rostro reflejado en él?

Einstein nos demostró que un observador en movimiento ve el mundo de una manera completamente distinta a un observador en reposo, tanto más cuanto más se acerca su velocidad a la de la luz, 300.000 Km/s. Al llegar a ese límite de la naturaleza, aunque queramos ir más rápido no podemos, aunque empleemos más energía, no conseguimos aumentar la velocidad, sino nuestra masa.

Una de las más maravillosas consecuencias de E=mc2 es la plena comprensión de cómo nacen y viven las estrellas, cómo en su interior la fusión del hidrógeno genera todos los elementos que nos forman, lo que hace que seamos literalmente polvo de estrellas.

Pero si aún no nos parece suficiente, Galfard nos cuenta cómo E=mc2 también explica por qué existe la antimateria y cómo de la “nada” surgen las partículas y sus anti-partículas asociadas. Y todo de una manera tan sencilla que parece que nos está hablando de la cosa más natural del mundo. ¡Y es que en realidad así es!

Eduardo Ojero


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