miércoles, 29 de marzo de 2017

LA MUSA

Jessie Burton, nacida en 1982, estudió en la Universidad de Oxford y en la Central School of Speech and Drama, fue actriz y secretaria de dirección antes de dedicarse a la literatura. Su primera novela, La casa de las miniaturas, traducida a 36 idiomas, fue una historia de éxito por la que hay que darle la enhorabuena a esta joven escritora que promete muchísimo y que ahora nos regala su segunda historia, La musa.

Como me sucedió con La casa de las miniaturas, el inicio de la historia me sumergió en un relato ameno que parecía esconder misterios insondables y, a medida que estos van cogiendo velocidad, se convierten en una vertiginosa y apasionante trama que nos deja sin aliento.

La novela transcurre en dos escenarios y épocas distantes entre sí. El primero nos sitúa en 1936 en un pueblecito de Málaga, a inicios de la Guerra Civil. Un marchante de arte vienés, su mujer y su hija se establecen en una apartada casa, huyendo del nazismo. Olive, la hija, pinta y sufre la indiferencia de su padre creando un abismo que propicia una obsesión y una trama de mentiras con la connivencia de Isaac y Teresa, dos hermanastros republicanos, hijos de un terrateniente franquista. 

El enfrentamiento entre familias, el miedo al abuso de poder, la humillación y el castigo que sistemáticamente utilizaron los partidarios de la dictadura para torturar a las mujeres republicanas para que denunciaran a sus familiares, desnudándolas en el centro de las plazas, a la vista de todos los vecinos, rapándoles la cabeza y obligándolas a beber una botella entera de aceite de ricino, fueron hechos muy extendidos en muchos pueblos de España durante la Guerra Civil y Jessie Burton los describe de forma magistral y aterradora.

El segundo escenario es Londres en 1967. Odelle es una muchacha negra, llegada de Trinidad, a la que le gusta escribir y que consigue un trabajo en el Instituto de Arte Skelton a la vez que la protección de Marjorie Quick, un personaje que entraña muchos misterios. Una relación sentimental con Lawrie, propietario de un cuadro que llega a convertirse en el hilo conductor de acontecimientos que sucedieron treinta años antes en España, nos conduce a un apasionante y vertiginoso recorrido a través del amor y las obsesiones.

Una lectura estupenda para la próxima Semana Santa.




viernes, 24 de marzo de 2017

OFFSHORE

Yo quiero ser el comisario Kostas Jaritos. 

Quiero contemplar con estoicismo mediterráneo un atasco monumental y tranquilizar a mi mujer diciendo: "los pitidos son como la ropa unisex, valen para todos y en todas las ocasiones". 
Quiero que se me conozca por mi necesidad de investigar casos, más que por mi premura al cerrarlos. 
Quiero decir que la gran mayoría de los crímenes hoy en día tienen que ver con el dinero y que eso es resultado de la crisis y que si un inmigrante sin papeles ha cometido un robo con violencia para dar de comer a sus hijos no me siento bien cuando le pongo las esposas y lo mando al calabozo. 
Cuando la crisis remita y los sueldos aumenten, quiero preguntarme, mientras lo celebro con mi familia, de dónde sale ese dinero. 
Quiero sentarme a la mesa y rendir homenaje a los tomates rellenos que ha preparado mi mujer con la devoción propia de un místico en trance. 
Si me dan a elegir entre un ascenso o seguir saltándome las burocracias y las normas a mi manera, quiero elegir la segunda opción con una sonrisa. 
Cuando me planten bajo el bigote un expediente disciplinario por querer hacer bien mi trabajo, quiero llegar a casa y que mi mujer me reciba con un abrazo y un susurro: "estoy orgullosa de ti".
Quiero recorrer mi ciudad y detallar los nombres de las calles por las que paso con la delectación de un hombre recorriendo el cuerpo desnudo de su mujer. 
Quiero aprender de mis compañeros que "hay dos cosas que nunca deben mantenerse ocultas, en ningún caso: los muertos y los asuntos económicos turbios. El mundo sería un lugar pestilente si no enterramos a los muertos como es debido y si no aclaramos de dónde viene el dinero". 
Quiero que Grecia deje algún día de ser ese conejillo de indias usado para averiguar hasta qué punto un país y su población pueden soportar privaciones de todo tipo. 

Yo quiero ser el comisario Kostas Jaritos. 
Y vivir en los libros de Petros Márkaris, ese grande de la novela negra que triunfa diseccionando la corrupción y la avaricia de los que mueven los hilos de la crisis. 



martes, 21 de marzo de 2017

EN LAS NUBES (firma invitada)

¿Imaginas un mundo creado por la mente de un niño de diez años? Todos hemos sido niños y hemos tenido esa edad, pero a algunos ha podido olvidársenos ya la maravilla del tiempo a solas, tumbados en la cama imaginando todas las posibilidades que podrían llegar a ocurrir a nuestro alrededor. Eso es lo que le pasa a Peter Fortune, un niño cuyo apellido no creo que sea una mera coincidencia. Peter es afortunado por disfrutar de esa mente privilegiada que le hace convertirse en quien más quiere o a quien más detesta y hace que su forma de entender el mundo cambie.

Escrita con una agilidad insuperable, esta novela, un poco en la línea de las colecciones de relatos medievales que parten de un marco común y van desgranando una a una las historias, es un paseo por la infancia, la ternura y la ingenuidad. Su protagonista lucha contra sus fantasmas interiores a golpe de pensamiento e imaginación y recrea en su cerebro las historias mágicas, paralelas a la vida que nunca llegará a vivir. En definitiva, Peter hace con su mente lo que los adultos hacemos con los libros: vive otras vidas, cargadas, por supuesto, de más aventura y riesgo que la suya.

Ian McEwan consigue ponerse en la piel del joven Peter y usa una técnica y estilo inteligentísimos para ingeniar un narrador que está fuera y dentro del niño al mismo tiempo. Un narrador omnisciente a la altura de los mejores de la literatura clásica. Y su tono a veces irónico y cargado de humor puede entrecruzarse con uno más lírico y fantasioso. Un placer para los sentidos. Con todos estos elementos y la fuerza que le imprime a su protagonista, nos encontramos en un mundo donde una crema disolvente puede hacer desaparecer a nuestros padres, las muñecas de la habitación de la hermana reclaman un lugar prominente, convertirse en otro ser puede ser un acto cotidiano y capturar a un ladrón se convierte en una tarea de lo más simple.

Si un Peter Fortune se sentara hoy en día en los pupitres de nuestras aulas diríamos que tiene "déficit de atención". McEwan, sin embargo, nos dice que es un soñador (Daydreamer es el título original en inglés), un chico siempre en las nubes o que, como se permite preguntarse en la página final, quizá volaba. Esa es la maravilla del buen arte.

Esta es una lectura fácil y muy amena que recomiendo a adultos de espíritu joven que aprecien la buena literatura, pero especialmente a niños de entre ocho y doce años, que no tengan miedo a imaginar, que se dejen llevar por el mundo paralelo de Peter, su gato y toda su familia: un mundo plácido y feliz donde no hay más remedio que inventar historias que le den vidilla.


jueves, 16 de marzo de 2017

VIDAS OCUPADAS

Un día José Pablo García recibió una llamada con una propuesta surrealista: un técnico de comunicación de Acción Contra el Hambre le invitaba a pasar diez días con ellos en los territorios palestinos ocupados para empaparse de la situación que se vive allí y hacer un cómic "sobre la inseguridad alimentaria, la falta de agua y medios de vida de la población palestina". Con algo de miedo, aceptó. Y el resultado es este cómic sencillo y directo sobre un conflicto que empezó hace ya setenta años y para el que ningún político ha conseguido encontrar una solución. 

Israel es un país. Palestina no lo es. No lo es porque sus territorios están cercados por muros israelíes, separados entre sí por carreteras israelíes e invadidos por asentamientos de colonos israelíes. Cuando ocupan tu tierra, la tierra que habitas y que te da de comer, ocupan también tu vida. El derecho a la soberanía palestina es el derecho a una vida autónoma y libre para sus habitantes. El derecho a poder viajar por su país sin tener que sufrir la humillación de los continuos controles israelíes. El derecho a que no te desalojen por la fuerza de tu casa y que no la demuelan para construir asentamientos ilegales. El derecho a no ser sospechoso por tu color de piel, por tu acento o por tu lugar de nacimiento, a no vivir bajo la mirada escrutadora de un pueblo que coloniza tu tierra y te considera un enemigo en potencia por protestar por ello. 

Además de en Cisjordania, José Pablo García también viajó a Gaza, una de las zonas con mayor densidad de población del mundo. Muchos hemos visto los bombardeos de 2008, 2012 y 2014 por parte de Israel, que lleva bloqueando la franja desde el año 2001 y la ha convertido en un polvorín dependiente de la ayuda humanitaria. La mitad de sus casi dos millones de habitantes son niños, niños que han nacido bajo el bloqueo y que han crecido acostumbrados a las bombas, la muerte y la destrucción. En la última guerra, hace menos de tres años, unas 150.000 casa fueron parcialmente destruidas, 252 escuelas y 78 hospitales. Los palestinos gazatíes sufren continuos cortes eléctricos y disponen de poca agua potable. De hecho, muchos dedican hasta una tercera parte de sus ingresos a comprar agua, agua que proviene de los acuíferos controlados en su mayor parte por Israel. 

Tanto Palestina como Israel desean la paz. O, al menos, eso es lo que proclaman. Pero yo me pregunto, ¿qué tipo de paz pueden alcanzar los palestinos cuando una tercera parte de su pueblo vive hacinada, bloqueada y sufre bombardeos indiscriminados cada pocos años en el mayor gueto del mundo? ¿Qué tipo de paz si la intención de los israelíes es de hacer que sus asentamientos ilegales en Palestina proliferen como hongos? ¿Qué tipo de paz si el pueblo con el que tienes que pactar se complace en humillarte y tratarte como a un criminal desgraciado en cada control de carreteras?

Quizá José Pablo García también se haya preguntado estas cosas. Y muchas otras más. Por ejemplo: ¿cómo es posible que los palestinos sigan siendo un pueblo acogedor con los extranjeros? ¿que tras tantas décadas de sometimiento, sigan confiando en un europeo blanco con un cuaderno de notas que llega a sus casas y empiezan a disparar sin respiro miles de preguntas en inglés? 

En el vuelo de vuelta, el autor está pensativo. Su compañero de Acción Contra el Hambre comenta: 
"- Ha sido toda una experiencia, ¿eh?
- Mmmsí.
- Oye, ¿te ocurre algo? Estás pálido. 
- Esto, Max... ¡¿Pero cómo queréis que meta todo esto es un cómic?!"

Pues lo ha hecho. Y le ha quedado así de bien.




lunes, 13 de marzo de 2017

Nueva York en la literatura (III): NUEVA YORK: HISTORIAS DE DOS CIUDADES

Nueva York son dos ciudades. O diez, o cien. Pero al menos, dos. 

Una es rica y glamurosa, viste bien, va al teatro y se pasea por la Quinta Avenida como si las aceras llevaran alfombras rojas. Es un personaje estelar en las películas de Woody Allen, la literatura y el cine la miman sin pudor y se siente poderosa cada vez que se mira con orgullo en los escaparates de las calles de Upper East Side. Distinción y elegancia son sus máximas, y los botones y porteros lo saben cada vez que se quitan una mota de polvo de sus trajes. Vive a gusto, saciada de lujo y de sueños cumplidos. Se sabe reverenciada y codiciada, como una esmeralda en una vitrina blindada. 

La otra es sucia y huele mal, es malhablada, va al cine cuando puede y se pasea por el metro muerta de sueño, como sonámbula en pena. Cuando se ve en los escaparates se ríe sarcástica o aparta la mirada, perturbada por la visión de ese sueño americano que parece una blasfemia en ciertas zonas de Brooklyn o del Bronx. Resistencia y orgullo son sus máximas, aunque no siempre se pueda permitir el lujo de mostrarlas, sobre todo cuando toca elegir entre pagar el alquiler o hacer la compra semanal. Vive humillada, miserable, herida de pobreza. Se sabe despreciada y temida, como una amenaza difusa que nunca debería haberse hecho realidad. 

La frontera entre estas dos ciudades es cada vez más delgada y está hecha de esa maltrecha clase media que hasta los años ochenta protagonizó la gran explosión cultural de la ciudad y que hoy en día agoniza debido a los precios prohibitivos de la vivienda y las crecientes desigualdades sociales. Dos ciudades separadas por la herida de la desigualdad económica y social viven una junto a otra, incluso una sobre la otra, y cada vez es más difícil que se pongan de acuerdo para caminar en la misma dirección. 

A través de relatos escritos por treinta escritores neoyorquinos actuales (Dave Eggers, Edmund White, Zadie Smith, Jonathan Safran Foer, etc.), este libro propone la idea de que una convivencia más justa y equitativa es posible y que quizá haya que rescatar para la política ideas tan de sentido común (y que el neoliberalismo ha vuelto tan subversivas) como la necesidad de velar por el bienestar general y la importancia de la inversión pública en todos los sectores para tratar de frenar por todos los medios la galopante desigualdad. Todos los relatos son historias de amor (amor herido, amor furibundo, amor platónico) por Nueva York, pero uno en concreto me ha acelerado el pulso y las ganas de estar ya allí a descubrir sus calles. La ciudad transmite, con su vitalidad desbordante, una sensación de euforia, cuenta el relato. Uno vuelve de ella hiperestimulado por sus mil caras, por sus historias, con una mayor capacidad de experimentar la extraordinaria diversidad del mundo y sus posibilidades. 

Yo quiero una Nueva York así, una ciudad que sea como una amante generosa que tiene amor para todos. Que deje de vivir del espejismo de la especulación financiera y proporcione a sus habitantes viviendas y condiciones laborales dignas que les permitan disfrutar de todo lo que esta ciudad brutal y esplendorosa tiene para ofrecer. 



miércoles, 8 de marzo de 2017

MUJER EN PUNTO CERO

"Las mujeres creativas son más sensibles y conscientes de la coerción que les rodea, haciéndolas más vulnerables a la rabia, la preocupación y la neurosis que aquellas que los psiquiatras y las sociedades califican de "normales". Estas son capaces de conformarse con la opresión, pensando que es la voluntad de Dios quien hizo al hombre y a la mujer, asignándoles roles a cada cual, dictando que las mujeres se ocupasen de la cocina y la limpieza, y los hombres del pensamiento y la escritura."

Palabras textuales de Nawal el Saadawi en su libro Mujer en punto cero. Hablar hoy, 8 de marzo, de este clásico escrito en 1975 es el mejor homenaje que podemos hacer a tantas mujeres maltratadas y asesinadas. Este libro cuenta la historia de Fardous, nombre ficticio y personaje real, mujer ajusticiada en una cárcel de El Cairo por haber matado a su pareja, un proxeneta maltratador.

Fardous, la protagonista de esta historia, era demasiado inteligente, sensible y creativa para aceptar el rol que le habían asignado y, a pesar de pertenecer a una familia pobre y de no tener estudios avanzados, tenía una inteligencia natural para ver los significados de las cosas que sucedían a su alrededor. ¡Cómo sería su vida...! Desde el nacimiento sufrió a un padre abusador, luego a un marido violento y finalmente un engañoso novio convertido en proxeneta. En el libro declara que siente que la muerte le da la bienvenida como única manera de ser finalmente libre. Dice: "todos los hombres que he conocido me han inspirado un deseo: el de alzar la mano y dejarla caer con fuerza sobre su rostro".

La denuncia de Nawal el Saadawi continúa resonando, afortunadamente, en todo el mundo. Nació en el seno de una familia acomodada de El Cairo y muy joven sufrió la mutilación de sus órganos genitales. Estudió medicina en la universidad de su ciudad natal. Por intentar proteger a una de sus pacientes de la violencia doméstica fue trasladada. Más tarde accedió a la Dirección de Salud Pública pero fue despedida por el Ministerio de Salud por denunciar la ablación en Egipto. Entre 1973 y 1976 trabajó en la investigación de la neurosis en las mujeres en la Universidad Ain Shams y fue asesora de las Naciones Unidas para el Programa de la Mujer en África y de Oriente Próximo.

La polémica que suscitaban sus opiniones se volvió peligrosa para el gobierno egipcio, que decidió encarcelarla 1981. Diez años después tuvo que exiliarse a Estados Unidos por amenazas de muerte de los islamistas, trabajando de profesora en la Universidad de Washington. Desde 1996, año de su regreso a Egipto, sigue ejerciendo su activismo en favor de los derechos de las mujeres, especialmente mediante su obra escrita. Con 85 años sigue siendo una de las feministas más importantes de su generación.


Nawal el Saadawi




lunes, 6 de marzo de 2017

SABIAS

Este libro, tan deseado y necesitado por las mujeres que llevamos tantos años luchando por nuestros derechos, es mucho más de lo que su título sugiere. Es un recorrido pormenorizado por la vida de algunas de las mujeres que, desde la civilización sumeria hasta el siglo XX, han contribuido al desarrollo de la ciencia y cuyo trabajo ha sido a menudo silenciado precisamente por ser mujeres.

La sacerdotisa, poeta, astrónoma y escritora Enheduanna es la primera mujer retratada. De la cultura sumeria, vivió entre los años 2300 y 2225 antes de nuestra era. En esa etapa tan lejana las mujeres trabajaban como doctoras, alfareras, tejedoras, cerveceras, participando en la construcción de canales y tareas agrícolas. También eran dueñas de su dote y podían tener propiedades. (Parece increíble que durante tantos siglos después nos quitaran todos esos derechos que en aquella época teníamos). La información que tenemos de Enheduanna ha sido posible gracias a las excavaciones que se hicieron en la ciudad de Ur buscando la ciudad natal de Abraham. Los vestigios encontrados permitieron conocer textos de la que, en 1968, historiadores holandeses calificaron como el "Shakespeare de la literatura sumeria" y fue más de un milenio antes de La Iliada. Ella era la máxima autoridad religiosa y dirigía la organización y la recogida de las cosechas y la fabricación de la cerveza, además de ser escritora.

Otras dos mujeres sobresalientes de la Antigüedad son Aspasia de Mileto e Hipatia de Alejandría. La primera fue maestra de Sócrates, modelo del escultor Fidias, compañera de Pericles, filósofa, quizá la mujer griega más famosa de la Antigüedad, fascinó a los hombres más brillantes de su época y abrió una escuela para niñas y jóvenes en Atenas. Hipatia, matemática, astrónoma y filósofa, defendía el poder de la razón y el conocimiento frente a los abusos de la fe y fue admirada y venerada por todos los que la rodearon. Su brutal asesinato a manos de los cristianos liderados por Cirilo puso fin a la posibilidad de tolerancia y coexistencia pacífica entre religiones, y fue el triunfo del fanatismo cristiano que veía en la ciencia y la razón un ataque a su forma de entender el mundo. Cirilo, como premio a la brutalidad que ejerció, fue santificado y todavía en 2007, Benedicto XVI alababa su "defensa de la fe". No sería ni el primero ni el último asesinato ordenado por una autoridad eclesiástica a lo largo de la historia.

Dando un salto en el tiempo, nos plantamos en la época de la Reforma luterana y la autora nos cuenta cómo los países protestantes propiciaron una revolución científica que los católicos, como España, con la Iglesia como guardiana de los dogmas, se encargaron de eliminar. El retraso en materia científica que todavía arrastramos se inició cuando en lugares como Alemania o los países nórdicos se desarrollaban gremios de artesanos y comerciantes, base de la prosperidad, y se daba alfabetización a las niñas para que pudieran leer la Biblia.

Otra mujer controvertida, de la que en este libro conocemos detalles poco divulgados, es Isabel la Católica. Adela Muñoz nos desvela una parte positiva de Isabel. Para ofrecer a sus hijas la mejor educación se rodeó de un grupo de mujeres cultas a las que se llamó "Las niñas sabias de Isabel I". Entre ellas se encontraba Beatriz Galindo, la Latina, maestra, camarera y su "consejera más querida", como la llamaba la reina. Sus cuatro hijas fueron las princesas más cultas de Europa. Todo lo bueno lo sofocó la Inquisición expulsando a los judíos, luego a los moriscos, e incluso atacando a Nebrija, protegido de los reyes, sólo por señalar errores de traducción en la Biblia admitida por Roma.

Otros ejemplos son la Marquesa de Chatêlet que, aunque fue conocida por ser la amante de Voltaire, a los 12 años ya hablaba seis idiomas, conocía literatura de todas las épocas, tocaba el clavecín y era soprano y actriz; Caroline Herschel, astrónoma; Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley y autora de Vindicación de los derechos de la mujer; Flora Tristán, temeraria y romántica justiciera, una de las primeras feministas, abuela de Paul Gauguin; Emily Davison, sufragista arrollada por un caballo de carreras, símbolo de la lucha por el voto femenino; Marie Curie; Concepción Arenal; Rosalind Franklin; Kathleen Lonsdale y muchas más.

El libro incluye un apartado especial para las mujeres españolas de la Segunda República y un dato que llama mucho la atención: en el año 2017, cuando ya por fin todas las universidades aceptan en sus aulas a las mujeres, todavía queda una excepción: el Colegio de España de Bolonia todavía sigue excluyéndonos. El cardenal Gil de Albornoz, fundador del Colegio en 1364, dijo en su fundación: "la mujer es cabeza del pecado, arma del diablo". Una vergüenza que sea nuestro país el que todavía mantenga esta abominación.




sábado, 4 de marzo de 2017

EL LIBRO DE GLORIA FUERTES

Querida Gloria, qué grande eres. Hace casi veinte años que te fuiste y nunca has estado más cerca de la gente, de la emoción chiquita de los que nunca te conocieron y ahora te descubren, te saborean, te aman. Durante años te quedaste reducida a la broma, a la ocurrencia graciosa de las baldas de libros infantiles, diminuta y divertida compartiendo chispas de ingenio con los más pequeños. Y ahora este libro te devuelve a las estanterías de todos, a las de la poesía desgarrada y social y loca y llena de amor que siempre fueron tu casa. Qué suerte, Gloria, este libro. Qué suerte y que gustito debe de dar saberte tan querida por tanta gente, después de tantos años. Un libro que no es solamente un libro, sino cientos de poemas, decenas de fotos, recortes de prensa, anécdotas de tu vida, reproducciones de tus dibujos y hasta un cómic homenaje de 16 páginas para decirte que te quieren. Y que lo que hiciste en tu vida merece todos los homenajes, empezando por este. 


En este siglo XXI que no llegaste a ver, los ayuntamientos te dedican calles y plazas; sin embargo la sociedad no siempre te rindió honores. Primero por ser mujer, después por tu clase social y finalmente por tu fama, nunca tuviste una vida fácil. Para los demás la poesía era un lujo, o una huida, o un arma, mientras que para ti era un abrazo y un descubrimiento, el placer de esas cosas que deberían ser obligatorias. Te gustaba jugar con fuego, porque el juego era lo importante, y estuviste al borde de tantas cosas que es un milagro que siempre consiguieras quedarte a este lado de la risa. Amaste y perdiste, jugaste y te la jugaron, y lo contaste de tal forma que nuestras derrotas, a la sombra de las tuyas, se sintieron siempre de alguna forma acompañadas. Defendiste el amor libre, el pacifismo, el feminismo, el ecologismo y todas tus luchas parecían tan sencillas, tan de sentido común, que cuesta entender cómo podía haber alguien que no quisiera unirse a ellas. 

Este libro es un regalo, Gloria, uno de los regalos más bonitos que podían hacerte. Más que una antología, es un álbum de recuerdos, un intento de reconstrucción de una vida, tu vida, que siempre se escapó conscientemente de cualquier definición. Y aunque tu intimidad siga estando a la sombra, protegida de ojos indiscretos, aunque sigamos sin saber si tenías seis mesas o ninguna, o si amaste a tres mujeres o a cincuenta, tu nombre está en nuestros mapas y tu voz en libros que ningún olvido va a conseguir descatalogar. Te has convertido, calladita y sin saberlo, en la mejor amiga de escritores que no te conocen y en el paradigma de muchas luchas bonitas, como la que celebramos cada 8 de marzo. Este libro es delicioso, Gloria. Y está lleno de amor, como tus poemas. También está lleno de guiños, de juegos y de escondites, de rebeldía pura y de sencillez cálida. Y tú estás en él. Como en la geografía urbana. Como en quienes te leemos cultivando alegrías. Como en la emoción chiquita de toda esa gente con la que nunca te cruzaste y que ahora te admira, te comparte y te ama.



jueves, 2 de marzo de 2017

QUERIDA IJEAWELE. CÓMO EDUCAR EN EL FEMINISMO (firma invitada)

Desde el privilegio que supone estar ante decenas de chicos adolescentes varias horas al día cada día, me pregunto muy a menudo cómo puedo hacer para conseguir que se conviertan en mejores personas: seres con pensamiento crítico, ideas propias y opiniones con un punto de partida profundo, de amplias miras y respetuoso con el mundo. Es casi más importante para mí servir como ejemplo de todas estas cosas que como mera transmisora de unos conocimientos que, hoy en día, están al alcance de un click.

Personalmente, me posiciono desde la justicia y el feminismo. Mis alumnos saben que me rijo por ideas de igualdad entre todas las personas. Y desde esa convicción doy mis clases. Y los trato con el mayor respeto del mundo, deseando interiormente que también ellos busquen ese ideal de igualdad y respeto en su día a día y para sí mismos y su entorno.

Parece que Chimamanda Ngozi Adichie también se rige por este principio fundamental, el del feminismo. Lo hemos visto en sus novelas y sus manifiestos feministas y nos congratulamos con la publicación en castellano de este pequeño librito, del estilo de Todos deberíamos ser feministas, en el que la autora nigeriana enumera quince sugerencias para educar en el feminismo. La excusa del libro es la petición de una amiga de que le enseñe a educar desde el feminismo a su hija recién nacida. En la introducción del libro la propia Chimamanda dice que ella misma intentará seguir estos consejos en la crianza de su hija. 

Chimamanda Ngozi Adichie
Todos deberíamos ser feministas y todos deberíamos educar en el feminismo. No hacer distingos de género ni en los trabajos, ni en las aficiones, en los modos de vestir ni en las tareas a realizar. En palabras de Adichie, "saber cocinar no es un conocimiento preinstalado en la vagina". Además, para educar en el feminismo hay que evitar los feminismos light que siguen manteniendo un sometimiento velado al patriarcado. Educar en el feminismo significa educar en la plenitud, en el reparto de responsabilidades entre mujeres y varones, en el fomento de la lectura, en el cuestionamiento del lenguaje, a través del cual se nos escapan ideas y prejuicios aprendidos y heredados. Educar en el feminismo es desechar la vergüenza a la sexualidad o al desnudo instalada en muchas mujeres desde generaciones, y no legársela a nuestros hijos. Educar en el feminismo es aprender que feminismo y feminidad no se excluyen y transmitírselo así a los que vienen. Educar en el feminismo es, en definitiva, educar en el respeto, en la igualdad y en el sentido común.

Con un lenguaje fresco, directo y cargado de anécdotas personales, Chimamanda le da a su amiga Ijeawele y a todos los padres del mundo las mejores sugerencias para criar y colocar en la sociedad a ciudadanos plenos, libres, amables y con una marcada conciencia de que a pesar de que las diferencias existen, hay que tender siempre al acercamiento. Este librito, con una marcada ambientación nigeriana, tiene la extraordinaria cualidad de trasmitir un mensaje universal.