lunes, 29 de agosto de 2016

ELENA FERRANTE: SAGA "DOS AMIGAS"

Hay en el anonimato algo que me seduce. No saber nada del autor o de la autora que ha escrito lo que estoy leyendo, no tener una cara, un cuerpo, una biografía, ni un solo dato que pueda influir en la historia, en mi forma de verla y entenderla, me parece liberador e insólito. Qué placer no saber nada de ella (o de él) y que sus libros llenen todo el espacio. Qué placer que algo me pueda gustar por sí mismo, sin filtros, sin la ayuda (o el inconveniente) de la figura pública de su autor, con todo el ruido que produce. Hay autores que enriquecen sus libros con su conversación o con sus opiniones públicas sobre los temas más diversos. Pero la mayoría, me parece a mí, intervienen demasiado en su literatura, no paran de opinar sobre ella, de llenarla de datos, de justificaciones, de enarbolarla para las causas más dispares y acaban por convertirla en algo inapropiable, en algo solamente suyo que a nadie más que a ellos puede pertenecer. 

Elena Ferrante es un misterio. Su identidad está solamente en lo que escribe y ha decidido vivir al margen del mundo literario, lejos de sus focos y su agobio y la obligación de crearse un personaje que represente sus libros. Y este anonimato me ha permitido que sus libros me gusten de una manera más directa, quizá, que otros. Que no tengan dueño conocido, que vengan solos, sin embajador, me ha hecho apreciarlos sin interferencias. Se han vuelto más míos a través de mi lectura. Ahora ya me pertenecen. Gracias, Elena Ferrante, seas quien seas.

Los cuatro libros de esta saga tratan sobre la amistad entre dos mujeres, desde que son niñas en el Nápoles de los años cuarenta hasta que en 2010 una de ellas desaparece sin dejar rastro. Toda la historia es un monumento a una amistad femenina hecha de rivalidad, amor, necesidad y mil sentimientos encontrados que se van desarrollando a medida que las dos niñas van creciendo. Elena y Lina, las dos protagonistas, pasan toda su infancia juntas, se retan, se desafían, se apoyan, se traicionan, se pelean, se odian y no paran de buscarse, de ceder a la atracción que sienten la una por la otra. Elena es incapaz de reacciones violentas, y por ello, capaz de ser perfectamente infeliz entregada a un rencor tranquilo. Lina es volcánica y turbulenta, y por ello, va sembrando discordia y removiendo pasiones allá donde va. Ambas se atraen y se repelen, se asoman a la vida de la otra constantemente para enriquecerla, para contaminarla, para darle sentido para bien o para mal. Necesitan verse, aunque la vida las lleve en sentidos opuestos, para "oír el sonido loco del cerebro de la una resonando dentro del sonido loco del cerebro de la otra".

Elena y Lina se crían en un barrio violento que determina su existencia. Un mundo en el que los hombres tratan a sus mujeres como posesiones que pueden golpear y violar para "reeducarlas". Un mundo de reyertas callejeras, de insultos, de amenazas, de generosidades extravagantes y emociones a flor de piel. El barrio es sólo un barrio más de una gran ciudad pero sus límites están claramente marcados por el dialecto, como si el lenguaje y la forma de utilizarlo fuera la alambrada que encierra a las dos amigas dentro de la cárcel en la que han nacido. Una cárcel de la que sólo puede intentar huir a través de la escuela, estudiando, leyendo y aprendiendo un italiano que les abra las puertas de otras vidas. Porque ambas saben que el barrio no puede prevalecer. Tiene que haber una salida a la violencia, la vulgaridad y el dialecto soez y perverso con el que se atan las conciencias y las sensibilidades. El barrio es una enfermedad que asedia los cuerpos y embrutece la mente y ambas se pasan toda su vida buscando una salida, desde dentro y desde fuera de sus límites, a esa cárcel intangible. Quieren otra cosa, pero no saben qué. No tienen adónde dirigir sus anhelos. Las niñas que nunca han salido de Nápoles sienten confusión, anhelos sin una meta concreta. Son animalillos atrapados que conocen su jaula pero nunca la han visto desde fuera y no logran encontrar la perspectiva que les permita abrirla. Miran la libertad exterior en los libros, sin entenderla, sin pensar que pueda realmente ser para ellas.

He leído estos cuatro libros con la avidez con la que se devora un producto adictivo. Me ha pasado algo parecido a lo que experimenté con Knausgard. La fluidez del relato está tan bien conseguida que a veces me olvidaba de que estaba leyendo. De que era una historia inventada, contada por otra persona, construida de una forma literaria y, por lo tanto, artificial. La naturalidad del relato es verdaderamente asombrosa, parecida a la naturalidad de Knausgard al contar su vida con esa desmesura en las descripciones que lo vuelve todo real, palpable, verdadero. Ferrante nunca abusa de las descripciones, es fluida y ágil de una forma prodigiosa, y la aparente trivialidad de los acontecimientos contrasta sin cesar con la riqueza de la vida interior de estas dos mujeres que dominan la historia con sus vidas entrelazadas. 

Libros como estos dan sentido al hábito de leer. Enriquecen hasta límites raros. En el primer libro, Elena dice, refiriéndose a su relación con Lina, que sentía "miedo de que al perderme trozos de su vida, la mía perdiera intensidad e importancia". Con libros como estos a veces he sentido esa misma dependencia. Como si al perderme sus historias, mis historias fueran menos mías, menos verdaderas. 
Menos mal que no me he perdido ningún trozo de las vidas de estas dos mujeres, que nada se me ha escapado y que puedo volver a ellas siempre que quiera. Y ahora, a procurar que no se me escape ningún trozo de vida importante de las que me rodean. 


miércoles, 24 de agosto de 2016

SOFÍA O EL ORIGEN DE TODAS LAS HISTORIAS

Rafik Schami, el gran contador de historias de Siria, nos vuelve a regalar una preciosa novela de amor, después de aquella maravillosa historia, El lado oscuro del amor, que en su día me dejó conmocionada.

No son sólo historias cuyo origen está en el amor, es un modo de contemplar la complejidad de la situación por la que Siria ha pasado en los últimos años. Schami se detiene en el año 2010, imagino que porque ahí se inició la terrible guerra civil que sigue asolando a ese país. El relato social y político que recrea nos permite comprender, si es posible hacerlo, lo que está sucediendo ahora, el grave problema de la corrupción que no solo afecta a ese país (solo tenemos que ver lo que está sucediendo aquí, en España para entender socava la moral y la ética de la población).

La difícil convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, el colorido de las calles damascenas con sus olores, escenas y sabores, en la que la hospitalidad del pueblo sirio contrasta con la brutalidad de la dictadura que ya exhibe su crueldad, nos dibuja una realidad que nos acerca a la de tantos millones de sirios que han tenido que emigrar, en la mayor diáspora desde la Segunda Guerra Mundial.

Karim, Sofía y Salman son personajes maravillosos y entrañables que nos reconcilian con el mundo. Karim, cuando le preguntan si es musulmán o cristiano, responde contundentemente: sólo tiene una religión y se llama Amor. A todos nos iría mejor en el mundo si tuviéramos tan claro el valor de esa palabra. Las religiones, todas, desgraciadamente siguen siendo en el mundo actual el origen de los más graves enfrentamientos. 

Católicos y protestantes en el Ulster, musulmanes y cristianos en el Líbano, en Bosnia, Serbia y Croacia, cristianos en Etiopía contra el gobierno islámico de Eritrea, Sudán y Nigeria con musulmanes en el norte y cristianos en el sur, Chipre con musulmanes turcos y cristianos griegos, Egipto con musulmanes en contra de la minoría cristiana de los coptos y un sin fin que justificaría reuniones internacionales como hacen con el G-20 para buscar soluciones a un problema de tan gravísimas consecuencias.

Una preciosa novela que nos ayuda a clarificar los valores que parece que se van perdiendo por los caminos...



martes, 16 de agosto de 2016

CUMBRES BORRASCOSAS (Firma invitada)

¿Puede haber algo comparable a un libro excelente leído en versión original? Muchos opinarán que no. Sin embargo, yo creo que sí lo hay: una buenísima traducción de esa misma obra. Me explico. Es maravilloso poder leer, desde el original, cualquier novela, y más si se trata de uno de los grandes clásicos de la literatura de todos los tiempos. Pero no lo es menos leer un gran clásico pasado por el filtro traductor, cuando este procede de otra autora clásica. Si esto ocurre, yo me atrevería a decir que es casi tan bueno el original como la versión traducida. Aunque dejo espacio para discutirlo con un buen té –ya que se trata de una autora inglesa– delante.

Eso me ha ocurrido a mí con la versión de Cumbres Borrascosas traducida por Carmen Martín Gaite y publicada de forma exquisita por la editorial Alba. Es un lujo de objeto para tener entre las manos y es un tesoro de texto para devorar en dos o tres sentadas como me ha ocurrido a mí, gracias a la prosa tan precisa y rica en matices de Austen y Martín Gaite en una combinación mágica.

Enumerar las maravillas de un texto que se publicó hace un siglo y medio y que buena parte de la población lectora del mundo ya ha leído me resulta bochornoso. Bochornoso por no haber accedido antes a él. Bochornoso por haberlo desdeñado en multitud de ocasiones y haberlo aplazado por otras lecturas que yo consideraba "más modernas". Sin embargo, la modernidad de Cumbres Borrascosas es una de sus múltiples virtudes. O mejor, su atemporalidad. El genio de esta obra reside, en mi opinión, en dos pilares básicos: la universalidad de sus personajes y el juego de los narradores empleados por Brontë. La universalidad de los personajes es lo que hace a la obra atemporal, fuera de todo espacio y todo lugar. Es cierto que los decimonónicos páramos ingleses donde se desarrolla esta novela son el lugar más idóneo para que se den personajes con la carga psicológica de Heathcliff o Catherine Earnshaw, pero no son exclusivos de allí. Son personajes que de puro ficticio son tan reales como nuestro vecino. Y la narración se hace de forma que sin que nos vayamos dando cuenta se desgrane la vida de toda una genealogía de habitantes de la Granja de los Tordos y la finca de Cumbres Borrascosas. Página a página, y sin respiro, la particular señora Dean nos presenta a todos los personajes desde la subjetividad de quien ha convivido con ellos desde siempre y quien los conoce mejor que nadie. Por cierto, que esta señora Dean también tiene su papel importante en los hechos que se narran. Casi como quien no quiere la cosa interfiere de manera decisiva en algunos de los acontecimientos.

Las vivencias brutales que, a veces, resultan desasosegantes, la descripción de la psicología de los personajes, los paisajes, la educación sentimental, la prosa fluida y fácil, la traducción genial de Martín Gaite... todo son razones más que suficientes para pasearse por primera vez o una vez más en los turbulentos sentimientos de los habitantes de Cumbres Borrascosas. No hay mejor plan para este agosto caluroso que tenemos encima.



lunes, 8 de agosto de 2016

LA ESPAÑA VACÍA

La España vacía es ese erial que se ve tras la ventanilla del coche o del tren al salir de Madrid. Es la meseta interminable y desértica que rodea como un mar todas las ciudades de Castilla la Mancha, Castilla y León, La Rioja, Madrid, Extremadura y Aragón. La España vacía siempre ha estado vacía. Y en este último medio siglo es cuando más la hemos visto, desde que cada hijo de vecino se pudo comprar un coche y la descubrió desde lejos mientras viajaba por las autopistas de un lugar a otro. Hasta entonces había permanecido aún más escondida, desligada de las ciudades como si se tratara de otro país, unida a la gente a través de las raíces de los antepasados, de los pueblos de veraneo que, también ellos, fueron poco a poco desapareciendo. Entre 1950 y 1970 se produjo una emigración masiva del campo a las ciudades, a Europa y a Latinoamérica. La gente huía de la miseria, de los rigores del clima, dejando atrás una identidad que viviría en su memoria y que iría diluyéndose en las generaciones posteriores hasta quizá perderse, por falta de referentes físicos a los que agarrarse. 

Este libro tiene múltiples lecturas. Se puede abrir al azar y encontrar siempre un argumento para debatir, una idea que reafirma nuestra opinión o contra la que dan ganas de luchar porque no podemos estar más en desacuerdo. Es un libro que te invita a mirarte hacia adentro y no para de preguntarte cosas: quién eres tú en relación a tu país, qué raíces tienes, qué ves cuando aparcas en un pueblo de la España vacía y recorres sus calles y hablas con su gente, qué distinción haces entre ellos y tú, a qué grupo crees que perteneces, qué identidad crees que compartes con las personas que te rodean.

Sergio del Molino defiende que la España vacía vive en la mente y en la memoria de millones de españoles, que la España vacía somos todos. Sin embargo, para mí la España vacía apenas existe. Es un lugar tan extraño y ajeno como un paisaje lunar. La España vacía que conozco me parece a menudo fea, sucia, vulgar y hostil. Y ni siquiera leyendo a Machado logro reconocerla en ninguna emoción. El autor siente que hay algo en su "generación que llama a los orígenes, que invoca las viejas mitologías y que aspira a recrearlas o a jugar con ellas desde la contemporaneidad". Pero yo desconozco las mitologías familiares, me crié en los suburbios de clase media de la capital y los orígenes rurales de mi familia se han borrado completamente de mi memoria, sepultados por medio siglo de huida de la hostilidad y de la miseria que representaron. 

Comparto generación con el autor de este libro pero no sus orígenes. Cuando habla de esa España como un útero pienso que hemos nacido de madres distintas. Sin embargo, sus palabras tienen la virtud de interpelarme en relación a algo que siempre me ha dejado indiferente. Yo no tengo ningún vínculo con la España vacía, y por lo tanto, ninguna nostalgia puede llevarme a ella. Para mí, es una toponimia más, un color árido que atravieso cuando salgo de Madrid en coche. Pero he disfrutado con este libro como un enano, por la cantidad de referencias insólitas que contiene, por ciertos capítulos que me han parecido verdaderos festines (en especial el que describe cómo los extranjeros románticos del siglo XIX hicieron añicos sus mitos al conocer esta España) y porque leer a Sergio del Molino, aunque vengamos de Españas distintas, es siempre una forma de sentirse en casa. 

Él no lo sabe, pero Sergio y yo llevamos años viviendo una historia de amor. Desde que en 2013 publicó La hora violeta y yo me pasé horas leyéndolo y llorando y llenándome de dolorosa felicidad, Sergio no ha dejado de estar en mi cabeza de una forma u otra. Me hace reír, me hace pensar, me maravilla y me descoloca, y de vez en cuando me encanta descubrir que no comparto sus ideas para cerciorarme de que sigo estando cuerdo. Nos hemos visto un par de veces, aunque probablemente él no se acuerde. Y está bien así, es una asimetría perfecta.
Gracias por tus palabras diarias, Sergio. Por tus libros y tu Facebook, una fuente de tantas cosas. Y por saber seducirme en las afinidades y en los desacuerdos. 



lunes, 1 de agosto de 2016

Editoriales afines (V): Astiberri

Yo antes no leía cómics. Desde que devoré la colección completa de Astérix en versión original para aprender francés (método que recomiendo vivamente), no había vuelto a la viñeta porque la consideraba infantil. La asociaba a Mortadelo, a Tintin, a Garfield, a historietas superadas por la adolescencia, que siempre reniega de su pasado. Y al igual que me pasaba a mí entonces, muchísima gente hoy en día sigue creyendo que los cómics son para niños, o, en el mejor de los casos, que, aunque traten temas de adultos, la viñeta simplifica cualquier historia que se pueda contar sin ilustraciones. 

Qué error. Cuánta belleza se pierden. Cuánta capacidad de sugestión están despreciando al pensar que una historia sólo puede contarse de una manera. 
Ilustración de "Los surcos del azar"

No se entiende la historia de la novela gráfica en España sin la editorial Astiberri. Sin ella, es muy probable que yo siguiera pensando que los cómics son o infantiles o superficiales. En sus 15 años de vida, Astiberri ha demostrado a todo tipo de lectores que existen otras formas de contar una historia, que la ilustración, combinada o no con un texto, sacude y emociona igual o más que cualquier otro lenguaje. 

Gracias a Astiberri viví la guerra civil y la segunda guerra mundial en la piel del soldado republicano de Los surcos del azar (Paco Roca), sufrí el miedo y la rabia de una chica de Yorkshire que sufrió abusos sexuales en Una entre muchas (Una) y hace pocos días he estado muy cerquita de Glenn Gould (Sandrine Revel), un genio del piano hipocondríaco y desquiciante, que me ha reavivado las ganas de volver a tocar las Variaciones Goldberg, aunque sea lejos de un estudio de grabación. 
Ilustración de "Glenn Gould"

A principios de año me propuse reseñar un cómic al mes, en un intento de abarcar un género que no frecuento con la asiduidad que merece, y ocho meses después le he cogido tanto cariño a las historietas que en la librería le vamos a dedicar a una de las editoriales que mejor las editan el espacio propio de la editorial del mes.