miércoles, 4 de septiembre de 2013

CARTAS AL SILENCIO

Para decirlo sin rodeos, acaba de editarse un libro llamado Cartas al silencio que lleva mi nombre. Me dicen que es mejor soltarlo de golpe, como las declaraciones de amor o los diagnósticos médicos, sea lo que sea, bueno o malo, no hay que hacerse de rogar. Todavía no tengo claro si se trata de una declaración o de un diagnóstico, si leéis el libro quizá podáis sacarme de dudas.
Y es que la promoción del libro es algo que me resulta bastante extraño. Contar de qué va, sonreír, argumentar, responder preguntas, intentar convencer, persuadir... Un trabajo agotador y admirable para el cual no estoy ni mucho menos cualificado. Pero como la primera frase no daba para una entrada de blog, os diré que se trata de un libro de poesía (en prosa y en verso) que reúne textos escritos a lo largo de los últimos nueve años, unidos por la importancia del silencio. El silencio como lugar donde escribir libremente y como respuesta contra la que se lucha.
La contraportada dice lo siguiente:
 
Estos textos provienen de cartas y poemas que de algún modo no recibieron respuesta. Nacieron para provocar algo, para generar vida, quizá para trazar un puente hacia otras sensibilidades abiertas y expectantes. Con el paso del tiempo, el silencio las fue solidificando, despojándolas de la anécdota concreta y de su circunstancia, hasta convertirlas en flores secas, en pequeños objetos decorativos, en algo que tiende hacia lo irreal, hacia la magia, en algo que podría ser literatura.
 
Aunque no me dedico profesionalmente a escribir, como la mayoría de los escritores, escribo por necesidad. Las razones son múltiples y agradablemente confusas, así que no intentaré desentrañarlas. Sólo puedo decir que escribir es una forma de sobrevivir, de llenar el silencio. Y sobre todo, un reducto de libertad incuestionable.

 

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